Una de las cosas que más ha desviado el mensaje de las
Sagradas Escrituras sobre el tema de la economía en nuestra comunidad es las
ideas extremas, primero en contra de la riqueza, que la ve como lo peor que una
persona puede desear, y contraria a la voluntad de Dios, además de exaltar la
pobreza material como un símbolo de espiritualidad y pureza de corazón. En segundo
lugar, es la idolatría a la riqueza, lujo al exceso, y ver la abundancia como una
señal de tener el favor de Dios. Ambas posiciones están equivocadas y no están en
línea con sentido que la Biblia le da al dinero, o crear abundancia.
En primer lugar, no debemos ver el dinero como la meta
de nuestra vida, sino un medio para un propósito; Glorificar a Dios. Para
los que somos creyentes, es el medio para cumplir los propósitos de Dios,
especialmente en el beneficio de otros. Crear riqueza no es pecado, ni debería de
ser visto como algo contrario a nuestra fe, sino que el resultado del
conocimiento, la disciplina y si, también el favor de Dios. Dios nos ha dado a
todos nosotros talentos o habilidades que nos hacen únicos y estos talentos deberíamos
de verlos como la expresión de la “imagen de Dios” en nosotros; incluyendo las características
necesarias para crear abundancia. Hace tiempo conversé
con un amigo que creo
una compañía valuada en miles de millones de dólares, y me agrado como fue su visión;
“pastor, Dios te ha usado para bendecir a mucha gente en tu trabajo pastoral y
de desarrollo comunitario, a mí también me ha dado la capacidad de crear
abundancia, para que miles de familias, tengan un buen salario, puedan traer
comida a sus casas, etc. Ese es mi talento”.
Sin embargo, nosotros vivimos entre dos “reinos” (El
reino de Dios y el reino de este mundo)
cada uno de estos reinos tienes sus valores, y propósitos porque se crea la
abundancia. “La mayoría de las perversiones de nuestra vida económica provienen
simplemente de idolatrarlas, tratando el dinero como un fin más que como un
medio. A medida que el reino espiritual de Cristo nos libera de esta
esclavitud, nos permite caminar a través de su reino temporal como peregrinos,
usando los bienes de este mundo para Él y nuestro prójimo, pero no buscando
nuestro bien en ellos.”[1]
Mi oración es que podamos encontrar en Jesús, y su
evangelio de buenas nuevas a los pobres, la liberación de este ídolo; llamado
abundancia y estatus social y nos guíe a crear abundancia para su gloria y que
lo hagamos sin “robar” al prójimo de su dignidad, ni sin los excesos del “capitalismo
salvaje” pero por el contrario sea un medio para poder “levantar los barcos de
otros” que son parte de nuestra comunidad y puedan ver la diferencia entre los dos
reinos, y glorifiquen a Dios. Como Jesús dijo, (Mateo 5:16 RV60) Así alumbre vuestra luz delante
de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro
Padre que está en los cielos.
[1] Littlejohn, W. Bradford. Los dos reinos:
una guía para los perplejos (Davenant Guides Book 2) (p. 98). La prensa de
Davenant. Versión Kindle.